En las antiguas casas de vecinos de Córdoba no era raro hace décadas que en torno a una fogata se cantasen villancicos. Como este por ejemplo, una preciosa canción de Ramón Medina:

Que no tiene “jatillo”
no tiene culero,
ni pañal ni faja ni justillo
ni mantilla que le dé calor.
Se los viene a traer por orden del Señor
un divino doncel doncel ¿Quién?
el Arcángel San Rafael.

Los instrumentos eran bien sencillos: un almirez, una pandereta y una botella de anís con el vidrio rugoso, frotada con un cuchillo o un tenedor. Zambombas, platillos y carracas se podían unir a esta particular y más que barata orquesta. Eran navidades especiales, navidades únicas. Y Navidades como esa tuvieron lugar en las casas que componen el hotel La Llave de la Judería. En ellas resuenan los ecos de las canciones de otros tiempos. Tres casas que hace mucho tuvieron risas, versos y peticiones de aguinaldos. Que tuvieron nochebuenas y nocheviejas, y sin duda bromas en el Día de los inocentes. Y niños que no podían dormir en la víspera de Reyes. Y padres humildes que intentaban regalar con ilusión juguetes que ahora nos parecen de épocas lejanísimas que no lo son tanto.

Hoy esas casas, ya unidas, intentan ofrecer lo mejor de la ciudad a nuestros visitantes. Y vivimos la Navidad, por supuesto, con el recuerdo puesto en los vaivenes y esfuerzos de aquellas familias, y con el trabajo diario enfocado ahora hacia el turismo en una ciudad moderna y en pleno crecimiento. Afrontamos ambas responsabilidades con el placer de la labor bien cumplida, o al menos con el intento de cumplirla lo mejor posible cada día.

La Llave de la Judería inició su andadura el pasado mes de marzo. Así que esta es nuestra primera Navidad. Esperamos que la primera de muuuuuuchas navidades. No duden en visitarnos. Nuestras puertas están abiertas no sólo a los huéspedes, sino a cualquiera que quiera disfrutar de una copa o una tapa en nuestros patios o terraza, desde la que se ve el alminar de la Mezquita.

Es nuestra primera Navidad, sí, y estamos un poco como niños pequeños. Ilusionados y esperando a los Reyes Magos, que son… un poco ustedes.

 

 

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